6.2.16

El Costeño de Sayulita: Soy tu fan.

"Si visita Sayulita y no come en El Costeño, no conoce Sayulita"

Esa es la frase que adorna una de las paredes del restaurante más viejo de Sayulita, Nay., y yo estoy muy de acuerdo.

La sabrosura del 2016 ya ha traído momentos memorables y es que para cerrar el mes de enero, 13 almas viajeras nos fuimos a disfrutar de la gloriosa experiencia que ofrece este hermoso lugar ubicado en la región de Bahía Banderas al sur de la costa de Nayarit.

Gracias totales
La vivencia total de ese viaje fue un gran agasajo, pero... El Costeño, ¡ES EL COSTEÑO!, definitivamente es un lugar obligado en Sayulita, razones hay muchas y les voy a decir algunas:


27.12.15

Narrativa de una visita a la Zona del Silencio

Para quien me conoce, sabe que uno de los lugares que más amo es Durango. Como dijera mi amiga Mariela:

"Quien sabe de dónde viene, sabe a dónde va"


Con mucho orgullo siempre hago saber que nací en tan hermoso lugar; rico en aspectos sociales, gastronómicos, culturales, artísticos y sobre todo, naturales. Los duranguenses somos afortunados de contar con paisajes intensamente contrastantes, por ejemplo, el desierto y la famosa Zona del Silencio. Sin duda, es un lugar obligado para conocer, yo me sorprendía de no haber visitado ese enigmático lugar antes, pero sabía que mi año de posibilidades infinitas, me traería grandes bendiciones como planear y disfrutar esta expedición.

Los hechos fueron estos: 
-según mi versión-

La idea.

Un buen día de trabajo dominical, platicando sobre mi querida tierra con David Cinta y Mu,  dos grandes Seres, se nos ocurrió organizar un viaje grupal a la Zona del Silencio, todo fue casual y una noche de octubre, ya estábamos detallando los pormenores del viaje con ayuda en la distancia de Aarón.

¡Allá vamos!


Se llegó la fecha.

24.12.15

Ciclistas urbanos: factores de cambio.

En enero del 2016 se cumplirán dos años de haber cambiado mi coche por la bici como vehículo principal de movilidad.

El viernes 18 de diciembre fue mi última ruta urbana que realicé en la Ciudad de México, pues al día siguiente, iniciaban mis vacaciones. Hice 12 kilómetros matutinos y 6 kilómetros vespertinos para cumplir con la rutina de costumbre. 



Creo que todo ese viernes reinó en mí la nostalgia, dentro de esa emoción, durante mis últimos pedaleos antes de llegar a casa, o como le decimos Mili y yo: nuestro imperio; surgió una plenitud muy intensa por el gusto de rodar y tuve la reminiscencia de miles de comentarios del tipo:

"Ayer iba manejando y llovía intensamente, vi a un ciclista y me acordé de ti; lo menos que pude hacer fue hacerle guardia hasta que nuestros caminos se separaron."
"Cuídate mucho, cada vez que veo a un ciclista me acuerdo de ti."
"Protégete bien, no falta un descuidado inconsciente que no respete a los ciclistas"
Me sentí muy afortunada de contar con personas que han cambiado su forma de ver a los ciclistas y que a partir del cariño que nos tenemos, sean más conscientes de su responsabilidad como automovilistas, motociclistas, ciclistas y/o peatones.

Estoy segura que este tipo de comentarios los gozamos todos los ciclistas, porque también hay quienes nos intentan convencer de que no tiene caso exponernos al riesgo de salir lastimados por seguir una tendencia. Empero, es de observarse que es así como los ciclistas urbanos construimos un factor de cambio a través de nuestras esferas sociales más cercanas para favorecer a la armonía de la movilidad. Estos comentarios al final de cuentas hacen realidad una gran cadena de respeto, porque al menos nuestros entornos más cercanos fomentan la tolerancia ante cualquier papel que asuman en sus traslados. 

Ahí fue cuando recordé que vale la pena disfrutar al máximo cada día que esté a bordo de la bici, haciendo lo mínimo: siendo respetuosa de las reglas de tránsito y transmitir mi alegría de rodar a las personas que están cerca de mí; lo demás se da por añadidura.

Declárome fan de los ciclistas urbanos y de quienes practican la tolerancia en la movilidad, sea cual sea su papel.

14.8.15

Cinépolis: te comprendemos.

En estos momentos voy llegando del cine, fui con mis amigos Mani y Rubén. Decidimos ir a Cinépolis Universidad. El contexto se prestaba para creer que sería una buena salida, pero nos equivocamos.

El chico de la taquilla nos recibió muy amablemente, hasta tuvo la confianza de hacer algunas bromas aceptables, entraríamos a la sala7 4DX a ver Los 4 Fantásticos, sin embargo, las complicaciones iniciaron cuando estábamos eligiendo nuestros lugares, ya que Rubén (quien tiene una discapacidad y es usuario de silla de ruedas) le pidió que nos permitieran el acceso por la puerta de emergencia con el fin de usar tanto el elevador como la rampa, de esta forma compraríamos los asientos de la orilla de la fila más cercana a la rampa.



La respuesta de la persona de taquilla fue solicitar autorización a su supervisor; cuando regresó, intentó ser muy institucional y respetuoso, diciendo que no podía vender los boletos porque la sala no estaba adaptada.

Rubén le explicó que eso no era problema, lo único que necesitaba es que le permitieran usar el elevador y entrar por la rampa, que si la sala tenía escalera, no era problema.

Les voy a explicar visualmente el argumento de mi amigo Rubén: